La última elección.
El pez resuelto al suicidio evita veloz la red en la que morirÃa con sus compañeros, pasa de largo frente al anzuelo del pescador rutinario que hojea una revista, y traga sin dudar el de un chico que recordará mientras viva los espasmos terribles de su asfixia.
Raúl Brasca, Todo tiempo futuro fue peor, Thule Ediciones, 2004
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La oveja negra.
En un lejano paÃs existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
AsÃ, en lo sucesivo, cada vez que aparecÃan ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
Augusto Monterroso.
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Despertar blanco.-
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                                                                           Para P. o T. o X.
                                                                         que me dejó como gata panza arriba,
                                                                         con la esperanza de que me consienta.
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Despertó con el sol brillando directo contra sus ojos. Sintió su calidez como un fogonazo y procuró evitar el deslumbramiento cambiando de posición. No pudo. Constató entonces que lo habÃan inmovilizado. Y un grito instintivo escapó de su garganta.
Nada. Nadie acudió en su auxilio.
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 Cuento de horror.-
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones
Juan José Arreola.
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“Palestina”
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-Buen caballo. Y buen dÃa, amigo.
-Trae las patas lastimadas. Este pedregal. Salud. Mañana calurosa.
-Como todas.
-¿Y sus cabras?
-Por ahà andan. Secas.
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“Nulla dies sine linea”.-
“Envejezco mal -dijo; y se murió”
Augusto Monterroso.
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Maltratada.-
Si crees que podrás dormir en paz estás muy equivocado. Ya no me duelen las llagas de mis labios ni me oprimen las esposas que lesionaron mis muñecas.
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DÃa de difuntos.-
 Cuando llegué al tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.
     – Pero mamá, tú estás muerta.
     – Tú también, mi niño.
     - Y nos abrazamos desconsolados.
 F. Iwasaki
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Maribel Romero Soler.- “Dice la leyenda”
Aquella noche sin luna, tan oscura como la mente de un muerto, algo sucedió en la aldea.
Dice la leyenda que los gritos desgarrados de una mujer quebraban el silencio, y que los lugareños, como si quisieran espantar al mismÃsimo diablo, lanzaban, asustados, sus plegarias al cielo.
Dice también que aquella mujer joven se derramaba entre los brazos de la soledad, y que después de un quejido ahogado, tras las puertas de su casa, se oyó un llanto.
Todos respiraron aliviados. HacÃa mucho tiempo que en aquel lugar apartado del mundo no nacÃa un niño.
Maribel Romero.
En su blog: “Ocurrió en Febrero”
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Doctor, estoy preocupado porque me he tragado una pluma. SÃ, no me mire de ese modo, es que tengo pájaros ¿sabe? Ya me imagino que no será de gravedad pero conozco muy bien aquello de que “de lo que se come se crÃa”, y yo no estoy en contra de los gays ni mucho menos, pero mi familia es muy tradicional, vamos, de las de antes, no me quiero ni imaginar que alguien le dijera a mi padre “tu hijo tiene pluma”.
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