Archivo de la categoría ‘Relatos’
Noche de Espanto
Cuando estábamos a siete millas de la costa fuimos interceptados por las embarcaciones castristas. De inmediato empezaron a darnos bandazos. Sentimos miedo por los niños a bordo, el más pequeño de cinco meses de nacido. Levantamos los niños y empezamos a gritar que por favor no dispararan. Alguien levantó a una niña y conociendo al que manejaba uno de los remolcadores que nos atacaba le gritó: “¡Chino, Jabao, no hagas eso, aquí hay niños!” Si no baja a su niña de tres años, se la matan con los chorros de agua de las mangueras de presión.
En una acción programada, se nos puso un remolcador por atrás. El más grande, que era verde con una raya roja, un rayo rojo, se nos subió en popa y nos partió a la mitad el barco. Al suceder esto el barco quedó a la deriva porque el patrón, Fidelio Ramel, cayó al agua a consecuencia de la fuerza de las mangueras. Fue entonces que Raúl Muñoz asumió el control de la nave y trató de ayudarnos, de salvarnos porque ya el barco tenía tanta agua que estaba a punto de hundirse.
A pesar de eso, ellos seguían echando agua directamente a las caras de los niños, que ya ni respirar podían. Ya nosotros sabíamos que nos íbamos a hundir. En ese momento Raúl paró el remolcador. Ni eso respetaron. La misión era hundirnos.
Cuando el barco se partió en dos, cayó una caja de madera al agua. Era la nevera que flotaba y muchos tratamos de llegar a ella. Fue entonces que comenzaron a girar las naves a nuestro alrededor, creando un enorme remolino que se tragaba a la gente. Así murió mi cuñada Pilar Almanza Romero. Cuando a mí me fueron a sacar del barco, su niño Yasel Perodin Almanza me tenía el pie agarrado. Cuando me sacaron se me desprendió el tennis y se fue, se lo tragó el remolino y no lo pude agarrar…eso fue terrible.
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Etiquetas: RelatosReflexiones en el manicominio
Por las noches, cuando todos en casa duermen, los perros aúllan a sus horribles visiones y el silencio entona una melodía ambigua de greda sinfonía. En mi closet se escuchan sonidos, como si alguien tratara de abrirlo, como si alguien viviera dentro de él, pero sólo por las noches.
Quizá es algún espectro que trabaja por el día y al llegar el crepúsculo llego a mi armario, se quita la ropa y se pone algo más cómodo, quizá use incluso use mi ropa. ¿Será un Dragón? Podría ser que algún malévolo hechicero lo tele transportó a mi armario.
La noche sigue, el frío aumenta y los ruidos también, y qué decir de mi imaginación que vuela y vuela cada vez más ¿Quién está ahí dentro?…, ¿y si es un extraterrestre? Quizá quería bajar a algún lugar de la tierra y programó erróneamente sus coordenadas mismas que lo llevaron a estar acá en mi cuarto, en mi armario. No creo, quizá mi armario sea el despacho de trabajo de Salvador Dalí, y dentro está pintando algo, está dándole vida a algún humanoide perfecto.
Un murciélago se estrella en mi ventana y me hace observar al cielo, azul oscuro, nubes negras y un ojo blanco observándome, me preguntó qué pensará de mí, cada noche se asoma a verme, unas veces esta completamente abierto y otras veces veo al ojo más adueñado pues lo veo como si estuviera cerrando su oscuro párpado, hasta que de pronto lo tiene todo cerrado, y así sucesivamente, se vuelve a despertar. Algunos le llaman Luna, es mujer- toda una obra de arte.
De nuevo los sonidos, esta vez decido abrir el armario sólo veo a dos cadáveres, claro son aquellos que metía hace un par de noches, ¿cómo pude haberme olvidado?, los sonidos simplemente eran sus toquidos, me llamaban para que les llevara agua y una pieza de pan.
Autor: Daniel Saborío
No hay etiquetas para esta entrada.El secreto
“Una noche interminable”

“Una noche interminable”
” No podíamos seguir caminando, el camino era demasiado largo ¿Cómo habíamos podido llegar a eso? Apenas unas horas antes estábamos de campamento, contándonos esas historias de fogata… un viento fuerte nos hizo apagarla (para evitar un incendio), cada quién se fue a las tiendas de campaña… de pronto el grito de Adrián nos despertó cuando ya estábamos casi a punto de conciliar el sueño….
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Etiquetas: Relatos breves, Relatos de terror“Padre nuestro que estás en el cielo”. Microrrelato
“Padre nuestro que estás en el cielo”.
”Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza…
- ¿Dónde está tu padre? – preguntó
- Está en el cielo – susurró él.
- ¿Cómo? ¿Ha muerto? – preguntó asombrado el capitán.
- No – dijo el niño -. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho”.
José Leandro Urbina. Chile





